domingo, 22 de diciembre de 2013

Y por querer...

Y por querer,
quiero abrazarte las dudas.
Que nuestros pechos
se junten,
y desaparezca el invierno
que habita en ellos.

Beberte de un trago
los viernes,
y tomarme el café
de tus ojos
un sábado de resaca.

Cuidarte los descosidos
los domingos,
y amanecer los lunes
perfilando tu sonrisa
con mis labios.

Por querer,
quiero hablarte en silencio.
Contarle mis secretos
a tu espalda,
con mis dedos.

Quedarme atrapada
en tu mirada triste,
y empaparme con
tu tormenta interna.

Y es que amor,
te quiero hasta cuando
llueve dentro de ti.

Porque tu belleza
aún existe en
tu melancolía,
Así como también
puede ser bello
un día gris.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Mapas.

Cómo no amarte, amor,
si Roma le tiene envidia
a la belleza de tus ruinas.

Cómo no hacerlo,
si guardas en tu interior
tesoros enterrados,
como Pompeya
cuando fue encontrada.

Cómo, si París habita
en tus ojos,
y Venecia en tu sonrisa.

Eres mi faro de Alejandría.
Que siento que no
soy yo sin ti,
algo así como si Madrid
no tuviera a su Gran Vía.

Me despedí de mis fachadas
cuando conseguiste
echarlas abajo,
cual Muro de Berlín.

Podía sentir la magia
de las Fallas de Valencia,
con tan sólo
el roce de tu cuerpo.

Y es que Barcelona, de noche,
es mediocre,
después de haberte visto
trasnochar.

Ven, o deja que vaya,
y hagamos que arda Troya
en la cama.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Locura desastrosa.

Alguien me dijo una vez, que mi vida,
era una locura desastrosa.
Por eso, llegué a llamarte 'mi vida',
porque eso eres tú,
el desastre más loco que
ha llegado a colarse en mi pecho.

Lo que nadie sabe (y creo que ni tan siquiera tú),
es que me encanta hacer del caos, un arte.
Por eso decidí pintarte mis ganas en tu espalda,
por eso me empeñé a tatuarme en tu piel.

Te quiero hacer verbo, para hacerte arte.
Porque cualquier forma conjugada
que quiero escribir en mis versos,
contienen esa palabra.

Amarte de forma caótica,
besarte hasta matarte de calor; hacerte arder.
Resucitarte entre cenizas,
de la noche al amanecer.

Hacerte primavera en otoño,
mojarte sin lluvia,
salvarte del frío,
abrigarte desnuda.

Joder, cariño, no veas cómo hiela aquí dentro,
y cuánto tardas en venir a deshacer la escarcha.
Fundirme, fundirte... fundirnos.

domingo, 13 de octubre de 2013

Regreso al futuro.

Hoy no quieres cuestionarte ni que te cuestionen nada. Hoy quieres llorar sin dar explicaciones. Hoy quieres dejar que tu silencio grite, que se apodere del lugar. De esas cuatros paredes que solías derribar, y que ahora sólo logras abollar. 

Día en el que te domina la pérdida de toda noción de tiempo y espacio. No sé, tal vez se esté emulando aquel entonces bien... pero bien del revés. Día en el que saboreas tu vida agridulce.

Entre caladas a un porro como sedante emocional, te comprendes por instantes; tu ensimismamiento es total. 
Pero de pronto, notas como una voz lejana te extorsiona. Y vuelves a aterrizar a la realidad. Te pones a viajar bajo tierra, bajo esa tierra que solías pisar con pie firme y sin tambalear. 

Sientes que ese viaje te lleva a donde un día empezaste a comprender la vida. Donde entendiste que no siempre era tan puta, o al menos, eso querías creer. Donde las cosas se disfrutaban como el primer mordisco a una pizza, como un abrazo que ansiabas a rabiar. Donde los días grises se explicaban con sonrisas, y el sonido de lluvia acompañaba en armonía al de las risas. Donde el frío nocturno se podía remediar sin necesidad de una manta. 

Llega la despedida, y qué putada. Te toca el viaje de regreso al futuro, bajo tierra de nuevo te mueves, y sales a la calle llamada Presente donde el frío cala realmente los huesos. Y ves que ahora sí que es necesario, quizás no el calor de un abrigo, pero sí el de una sudadera o una camisa. Que ya no es todo tan simple... Y qué jodido, siendo yo una enamorada de la simplicidad. 

viernes, 27 de septiembre de 2013

Nada.

Eres tú y tu habitación, tu habitación y tú. Cae el sol, y no quieres moverte de la cama. Entra aire algo frío por la ventana, y te hallas bastante poco arropada. Tienes la manta al lado, pero te da igual; dejas que el frío cale tus huesos. 

Te encuentras en un estado que no podría describir con una palabra. Cada vez hay menos luz en tu habitación, y la oscuridad es la única que te acompaña en tu cuarto. 

Tu mirada, inmóvil en un punto fijo. Un impulso te susurra que te pongas música. Una de tus peores enemigas, llamada reproducción aleatoria, quiere atacarte, pero pasas de ella, y vas a tu bola.

Pones 'Breathe slow', te lo pide tu cuerpo. "No olvides respirar despacio. Contar del uno al diez, con los ojos cerrados". Y resbalan... Resbalan lágrimas que no sabes exactamente por qué lo hacen, pero tú no haces nada al respecto. Piensas que quizás, te venga bien. 

Subes el volumen a la música, lloras más fuerte, y así, hasta que termina la canción. Te secas las lágrimas, y te sientes desahogada. 

Pero, "¿qué ha ocurrido aquí?", se pregunta tu conciencia. "No pasa nada", te respondes. Y quizás sea eso, que no pase nada. O que pase de todo, al menos en tu mente, y hace que termines acabando en la nada con tus pensamientos.

No sé, demasiada pregunta sin respuesta. Mejor enciendo la luz, ya me dedicaré a arreglar mi vida en otro momento. 

domingo, 11 de agosto de 2013

Sueños bajo llave.

El despertar de un domingo de resaca,
la luz del sol penetrando por la ventana; cegándome.
Contemplo lado a lado mi cama,
pero ya no te busco.
Pero no porque no te quiera ahí,
sino porque te sigues encontrando, 
aunque no del modo que quisiera,
en el lugar donde siempre te preferí...
en mi pecho.
(Sí, sé que me entiendes).

Que me faltan esos 'Buenos días' tuyos tan necesarios,
pero pese a ello, hay algo que me ayuda a continuar:
mis sueños.
Esos sueños que están a buen recaudo,
pero se encuentran, como quien dice,
en tierra de nadie.
Y digo eso porque, muchos de ellos, 
los planeé junto a ti. 
Y la verdad es que no quiero 
cuestionar más allá de lo necesario,
cuestionar qué será de ellos.
Prefiero dejarlos en el baúl de las incertezas.

Los tengo bajo mi supervisión,
pero no puedo tocarlos. 
Pero sé que existen.
De hecho, tuve uno entre mis brazos,
durmiendo a mi vera. 
¿Cómo iba a dudar de su existencia?
Y sé, sobre todo, que ahí permanecen;
que no están rotos.
Y para cuando, por instantes, se me olvidan;
se me olvida el motivo por el que sigo aquí,
me basta con mirar a una pared de mi cuarto,
y leer una frase: 
"Pequeña, guárdatelos hasta que se cumplan".

sábado, 3 de agosto de 2013

Just in case (you still read me).

Sabemos que lo imposible, también existe.
Que hablando de imposibles, podemos mencionar el equilibrio.
Tenemos claro que los ‘para siempre’, tienen fecha de caducidad.
Que las historias son endebles.
Y que las promesas, tanto como las palabras, se las lleva el viento.

Suerte que presté atención a según qué clases de gramática en su momento,
y no pasé de ellas para escribir sonetos, como solía hacer.
Digo ‘suerte’, porque ahora tengo un argumento,
más, o tal vez menos fundamentado sobre la palabra ‘imposible’.
Se supone que ‘posible’, es el lexema.
Lo que le da el significado; lo más importante.
Que el morfema ‘im-‘, no es más que un sufijo.
Y en esto me baso. En una mera explicación gramatical para justificar
el poder de lo posible, sobre lo imposible.
Para justificar que quererte más cada día es posible,
cuando pienso que ya no.

Pero menos posible, es el equilibrio.
Que la balanza se inclina siempre más hacia un lado que hacia el otro.
Aunque la verdad, es que me gusta el desequilibrio.
Quiero volver a él, a ese desequilibrio que me permitía
balancearme en tus curvas.

Y bueno, que no hay ‘para siempre’ que dure eternamente.
Pero sí, joder, quiero sentir lo efímera que es la vida contigo.

Y sí, las historias se derruyen, cual castillos de arena.
Pero, aún así, existe la fortaleza que consigue protegerlas.
Como la fortaleza que protege los castillos.

Y en fin, si las promesas se las lleva el aire,
¿dónde hay que firmar para respirarlas desde tu boca,
y así no se vuelven a escapar nunca más?

"In case you change your mind, I'll be waiting." 

lunes, 8 de julio de 2013

Estaciones.

Qué verano más frío, de verdad...
lo que ha cambiado el cambio climático
que ha producido tu partida.

Por fuera, el Sol quema,
pero más arde mi interior
con este hielo abrasador;
invierno en mi pecho.

Que tu caos provocó 
un desorden en mi clima.
Cerezos floreciendo en otoño,
y hojas de árboles cayendo en pleno abril.

Cayendo como mis deseos,
pero no como yo.
Yo sólo me he vuelto a tropezar,
como quien tropieza en el andén de una estación.
O con una sonrisa... o bueno,
también con sus monstruos.

Sabes de lo que hablo, ¿no?
Pues ven, matémonos con
nuestras espinas,
y volvamos a renacer en primavera.

martes, 28 de mayo de 2013

La poesía, no se acaba.

¿Y qué si no me salen sonetos contigo?
Prefiero los versos libres.
¿Y qué si nos saltamos las normas métricas?
Con lo bonito que se vive en la inexactitud.
En la inexactitud de tu carácter,
El hipérbaton que construye tu mirar.

Porque así me gusta vivir,
Entre tus antítesis y metáforas,
Entre tu rechazo a
Los versos alejandrinos; la perfección.

La calma ante mi locura,
Mi cordura en este mundo de locos.
Y es que no pretendo que me entiendan,
De ahí estos versos tan complicados.

Cuando tu risa se convirtió en anáfora,
Y tus latidos en mi onomatopeya favorita.
Cuando supe que me perdí de nuevo…
Pero esta vez, en ti, en una historia.

Y por último, recordarte esas dos palabras,
Que aquí prefiero que formen una elipsis,
Que ya las escribiré en otros versos
(O en tu espalda, si me dejas).


Que, ya sabes...
la poesía, no se acaba…

sábado, 30 de marzo de 2013

Y perderme...

Cae el sol en esta ciudad, tu voz impaciente merodea por mi cabeza. Baja, y me hace cosquillas en los orejas.

Es cuestión de cerrar los ojos, y ver tu silueta. Y yo, kamikaze, queriéndome matar en cada una de tus curvas. Mi imaginación, a ciegas, recorre con la yema de los dedos, tu figura. Lento, suave…

A tientas, mis manos podrían hablar, y describir la belleza de hasta tu más pequeño lunar.

Largo viaje de mi tacto por la cartografía de tu cuerpo, tomando descanso en cada una de tus hendiduras.

Mis labios sedientos, buscan el manantial de tu boca. Y te pellizco con los dientes, y me tiro de cabeza en la profundidad de tu mirada.

No sé, la cuestión es perderme. En ti, contigo, pero no sola.