Sabemos que lo imposible,
también existe.
Que hablando de
imposibles, podemos mencionar el equilibrio.
Tenemos claro que los
‘para siempre’, tienen fecha de caducidad.
Que las historias son
endebles.
Y que las promesas, tanto como las palabras, se las lleva el viento.
Suerte que presté
atención a según qué clases de gramática en su momento,
y no pasé de ellas para
escribir sonetos, como solía hacer.
Digo ‘suerte’, porque
ahora tengo un argumento,
más, o tal vez menos
fundamentado sobre la palabra ‘imposible’.
Se supone que ‘posible’,
es el lexema.
Lo que le da el
significado; lo más importante.
Que el morfema ‘im-‘, no
es más que un sufijo.
Y en esto me baso. En una
mera explicación gramatical para justificar
el poder de lo posible,
sobre lo imposible.
Para justificar que quererte
más cada día es posible,
cuando pienso que ya no.
Pero menos posible, es el
equilibrio.
Que la balanza se inclina
siempre más hacia un lado que hacia el otro.
Aunque la verdad, es que
me gusta el desequilibrio.
Quiero volver a él, a ese
desequilibrio que me permitía
balancearme en tus curvas.
Y bueno, que no hay ‘para
siempre’ que dure eternamente.
Pero sí, joder, quiero
sentir lo efímera que es la vida contigo.
Y sí, las historias se
derruyen, cual castillos de arena.
Pero, aún así, existe la
fortaleza que consigue protegerlas.
Como la fortaleza que
protege los castillos.
Y en fin, si las promesas se las lleva el aire,
¿dónde hay que firmar
para respirarlas desde tu boca,
y así no se vuelven a
escapar nunca más?
"In case you change your mind, I'll be waiting."