viernes, 27 de septiembre de 2013

Nada.

Eres tú y tu habitación, tu habitación y tú. Cae el sol, y no quieres moverte de la cama. Entra aire algo frío por la ventana, y te hallas bastante poco arropada. Tienes la manta al lado, pero te da igual; dejas que el frío cale tus huesos. 

Te encuentras en un estado que no podría describir con una palabra. Cada vez hay menos luz en tu habitación, y la oscuridad es la única que te acompaña en tu cuarto. 

Tu mirada, inmóvil en un punto fijo. Un impulso te susurra que te pongas música. Una de tus peores enemigas, llamada reproducción aleatoria, quiere atacarte, pero pasas de ella, y vas a tu bola.

Pones 'Breathe slow', te lo pide tu cuerpo. "No olvides respirar despacio. Contar del uno al diez, con los ojos cerrados". Y resbalan... Resbalan lágrimas que no sabes exactamente por qué lo hacen, pero tú no haces nada al respecto. Piensas que quizás, te venga bien. 

Subes el volumen a la música, lloras más fuerte, y así, hasta que termina la canción. Te secas las lágrimas, y te sientes desahogada. 

Pero, "¿qué ha ocurrido aquí?", se pregunta tu conciencia. "No pasa nada", te respondes. Y quizás sea eso, que no pase nada. O que pase de todo, al menos en tu mente, y hace que termines acabando en la nada con tus pensamientos.

No sé, demasiada pregunta sin respuesta. Mejor enciendo la luz, ya me dedicaré a arreglar mi vida en otro momento. 

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