Es cuestión de cerrar los
ojos, y ver tu silueta. Y yo, kamikaze, queriéndome matar en cada una de tus
curvas. Mi imaginación, a ciegas, recorre con la yema de los dedos, tu figura.
Lento, suave…
A tientas, mis manos
podrían hablar, y describir la belleza de hasta tu más pequeño lunar.
Largo viaje de mi tacto
por la cartografía de tu cuerpo, tomando descanso en cada una de tus
hendiduras.
Mis labios sedientos,
buscan el manantial de tu boca. Y te pellizco con los dientes, y me tiro de
cabeza en la profundidad de tu mirada.
No sé, la cuestión es
perderme. En ti, contigo, pero no sola.
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