domingo, 27 de diciembre de 2015

Mi eterna primavera.

Podría empezar este poema
como uno de Neruda,
y hablar de noches tristes,
con nostalgia,
y sal en las heridas.

Pero prefiero hablar
del vértigo a tu perpetuo
miedo a las alturas.
De tu muralla de dudas,
de lo que en las venas ocultas.

De tus sonrojos,
de aquellos semáforos en rojo.
De los "no" que
me niegan tus ojos.

De tu forma de enmudecer
la poesía,
con disparo o con caricia.

De cenas simples,
paseos lejanos,
locura en la mochila,
y pegamento en tu mano.

De mi esperanza y mi espera,
de mi lucha entre incerteza.
De puertas medio abiertas,
por donde quiero que salga el frío,
y vuelva mi eterna primavera.

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